El cine independiente / Raúl Perrone


¿Qué puedo decir sobre el cine independiente que no se haya dicho? Recuerdo que me gustaba leer en diarios y revistas la palabra “indie”. Sentía que quería hacer películas con el mismo espíritu que los músicos que hacían rock en un garage...

Hoy, unos catorce años después, me causa un poco de gracia leer que hablen de algunas películas diciendo que son “ independientes”, cualquiera dice que hace cine independiente y no tiene el mismo valor que antes, Son rótulos que se ponen, como “cine de culto”, el Dogma o la estupidez del momento. Son pretextos para poder escribir y hacer notas, pero el chiste se agota y al final no quiere decir nada. La palabra “independiente” está absolutamente vapuleada y no sé si siquiera genera respeto. En definitiva, creo que uno tiene que hacer lo que tiene ganas y la independencia es eso, hacer lo que uno tiene ganas, lo que uno quiere y puede sin limitaciones. El resto es marketing.

Muchos dicen que hacen cine independiente y lo hacen con un montón de plata, ¿entonces cuál es el límite? Porque la independencia a esta altura del partido no tiene nada que ver la plata., La independencia esta en la cabeza,esta en uno.

Hacer cine independiente ha cambiado mucho. Está muy bien que la tecnología vaya derribando mitos, aunque algunos se dieron cuenta un poco tarde. Pero bienvenidos todos al paraiso digital, (ja) al del video

... además, en definitiva, ¡la gente no sabe lo que es el cine independiente! Uno no le pregunta al vecino si vio algo de cine independiente. La gente no habla en esos términos, como los cinéfilos,criticos o intelectuales. La gente habla de películas buenas, o malas, y punto.

sábado, 2 de abril de 2011

Raúl Perrone en Tiempo Argentino

"El suburbio está en todos lados"

Tiempo Argentino.com

Por Analía Farjat

Es uno de los referentes indiscutidos del cine argentino. Sus películas se exhiben en toda Latinoamérica. A partir de este sábado, un ciclo de INCAA TV permite asomarse a su filmografía.

Aunque él prefiera no decir “ independiente” –una palabra que juzga “gastada”–, es esa condición de pionero de cierta estética lo que hoy por hoy lleva a sus películas en combo por México, Chile, Perú. Su estilo responde a la intención de que todo resulte “absolutamente creíble”. Para lograrlo, filma con una sola cámara, sitúa sus historias en escenarios exteriores (de manera tal de ahorrar luz), apela al soni
do directo y a vecinos, amigos y familia como protagonistas de sus historias. Y los recursos están subordinados a las ideas: hacer lo que quiera, cuando quiera es el primer postulado de única independencia que cuenta. Y, más importante aún son las ideas que atraviesan sus films, marcadas por ese Conurbano profundo del que prefiere no moverse ¡Ni siquiera para asistir a sus propias retrospectivas!

–Hace poco se hizo una muestra de tus películas en México. Antes estuvo la de Chile y ya se vienen las de Perú y México. Pero vos no viajás, ¿por qué?
–Es un vicio que han inventado los directores de cine. Yo
no tengo que ir, salvo que me gustara viajar, pero no me gusta. Me parece que lo importante es que se vea mi obra: yo estoy recibiendo devoluciones maravillosas de México. Internet está plagada de notas sobre la retrospectiva con una repercusión enorme. Y en las redes sociales tenés chicos muy chicos, de 18, 19 años, que descubren aquellas películas del ’97 y dicen que son, como dicen ellos, muy “guay”, que soy un director “punk”. Y yo digo qué bárbaro, cada vez estoy más grande y mis seguidores cada vez son más chicos.
–¿Cómo explicás que a pesar del tiempo transcurrido, tus films sigan tan vigentes?
–Pasa que el tema que uno toca es universal. El otro día lo hablábamos con la gente que se quedó al debate de Al final la vida sigue, igual (ver recuadro). Es una película que la podés pasar en cualquier lado. Como no tiene tango ni canciones, no hablo de cosas muy de acá, es una historia que puede ocurrir en México, Bogotá, Chile. El suburbio está en todos lados. Yo hago historias que son duras, pero la gente se ve reflejada en ellas, tal vez porque no tienen golpes bajos. Quizá ahora con el tiempo, las hago con un poco más de dulzura, con mucha más poesía. No me interesa bajar línea: soy como una mosca en la pared, que se mete ahí a ver.
–En tu última película, Al final la vida sigue, igual te han elogiado mucho el tema del sonido. ¿Qué cambió?
–Al hacer tantas películas, voy buscando la manera de no aburrirme, de ir perfeccionando y puliendo, y ser cada vez más músico de jazz, constantemente improvisando sobre la marcha. Pero el sonido me empezó a inquietar hace varias películas, y como no uso música porque no tengo plata para pagar a los señores de donde ya sabemos, entonces trato de armar una banda musical con sonidos de barrio. En esta metí predicadores, aviones que me remontaban a cuando era muy pibe, aviones que pasaban una publicidad del circo, y ruidos, obsesivamente. Y el off me interesa mucho. A mí me gusta mucho más sugerir que mostrar. Al contrario de esa tendencia, no sólo argentina sino universal, de siempre estar mostrando lo que estamos diciendo.
–La decisión de no usar música es uno de tus lemas.
–Son temas en los cuales sería muy fácil caer en bajar línea, usar la música como golpe bajo, como en La mecha, donde pude haber puesto un pianito y un viejito caminando y terminábamos todos llorando. Eso de manipular la emoción con el sonido… Yo manipulo el sonido de otra manera. Con el tiempo aprendí eso. Al principio era más rocker, más pop. Si querés, ahora soy más punk, estoy cada vez más austero, más contemplativo, hasta más autista. Cada vez me siento más afuera de todo, pero haciendo lo que tengo ganas y eso es lo que me pone feliz.
–¿Cómo es el enganche con los jóvenes? ¿ Qué te dicen?
–Hay pibes con mucha cabeza, con una posición ante la vida que no es boluda, preocupados por la nueva sociedad. Yo no tengo que mostrar a un pibe fumando paco porque no me hace falta. Es una estupidez mostrarlo. A los que vienen y me dicen “me gustó tu película”, yo les digo “a mí me gustan las tortas”. Las películas no son para que te gusten, son algo más profundo. Como una chica que me escribió después del estreno de mi última película, diciendo que había dos o tres imágenes en las que no podía dejar de pensar y quería charlarlas conmigo. ¡Tiene 23 años! Y le estás mostrando una vida que no tiene nada que ver con la de ella. Y eso está bueno. A mí no me interesa la vida de una gorda de Recoleta: no le veo nada de interesante. Ya hay gente que hace eso. Yo tampoco vivo esa vida, pero sí me interesa ser cronista de la vida de esa gente.
–Otra de las características de tu cine es que no trabajás con actores profesionales. ¿A esa gente que protagoniza tus películas se le modifica algo?
–Le modificás ciertas cosas. El ejemplo más claro que tengo es el de Galván –protagonista de tres de sus films– , que en Late corazón, con sus 82 años, hizo su primer película. Y después, La mecha. Imaginate un tipo de 85 años, que lo reconocen, los llaman las radios, de los diarios. El tipo a los 85 años se dio cuenta de que es importante. Y yo lo hice ser importante. Y eso me gusta. Y en Friburgo tuvo el premio al mejor actor. Eso fortalece mi teoría de que cualquiera puede actuar. No tengo que poner a Federico Luppi. Un simple señor que trabajaba en la municipalidad se llevó el premio a la actuación. Ese tipo de cosas, sacá lo del premio, están buenas. No me sorprend
e, porque siempre hice lo mismo. En la Trilogía (ver recuadro), trabajaron tipos que laburaban conmigo en el diario. No es que ahora hago eso. Y también he laburado yo porque, como nadie me daba bola al principio, entonces actuaba yo. Después, con el tiempo se fue convirtiendo en moda. Alguien se atrevió a decir: “Hay que trabajar con no actores”. Pero yo digo: “¿Qué carajo es no actores?”.

Al final, la vida sigue, igual

Tiempo Argentino.com

Por Jorge Bernárdez

A simple vista la nueva película de Raúl Perrone se llama igual que una vieja canción de los ’70, una canción que es un emblema de lo vital, de una visión optimista de las cosas, un éxito de Sandro, nada menos. Pero la coma en el título marca la diferencia y entonces esas mismas palabras que en el título original transmitían eso que dijimos antes, ahora, en manos de Raúl Perrone modifican considerablemente la intención.

Los personajes que habitan en las calles de Ituzaingó vuelven otra vez y Perrone los retrata instalando su cámara entre ellos, no para juzgarlos sino para acercarnos retazos de vidas que siguen, igual a como las dejamos en la última película. Volvemos a acercarnos a los protagonistas de Los actos cotidianos. Pero hay una ausencia notable esta vez, ya que no está Galván. El abuelo de los chicos que aparecen en la película y a quien Perrone le reserva un plano para que lo veamos seguramente por última vez, deambulando a través de una especie de bosque. Una aparición fantasmal que lejos de provocar miedo transmite paz y serenidad.

Los momentos que Perrone logra captar son emocionantes a veces, tensos en otros, pero su cámara no deja de crear cine en estado puro. Los adolescentes que pasan las horas en la esquina, que hablan entre ellos sin que el que mira termine de entender el código que los une. Las mujeres que intercambian frases banales. El sexo, la promiscuidad entendida como algo natural, el hacinamiento en casas descascaradas que el espectador adivina húmedas y frías gracias a que Perrone va más allá de la mirada del entomólogo y elige estar al lado de sus criaturas.
El sonido ambiente acompaña a esa mirada ubicua de la cámara de Perrone. Hay momentos en que la inseguridad de la calle se hace presente pero no con la indignación burguesa que elige vigilar y castigar, sino del lado de los habitantes de esos barrios marginados. Se escuchan sirenas y uno sabe que están ocurriendo cosas. No necesitamos ver las escenas explícitas de la marginación porque el desamparo está notablemente mostrado. No se necesita largar discursos altisonantes para que el cine transmita un mensaje. A la banda de sonido de estas viñetas con las que Perrone vuelve a pintar su aldea para mostrarse universal hay que agregarle la notable utilización de un remix de Mi cuarto, un tema emblemático de los adolescentes de clase media de los años de la dictadura que adquiere nueva vida, esta vez con un ritmo punk, como una demostración de que el Perro, además de buen ojo, tiene buen oído, ya que el remixado de esa canción de Vivencia es producto del genio de Perrone.
Es como dice el título: La vida sigue, igual, y Perrone nos da el gusto de que él siga filmando igual de sólido y de convencido con respecto a lo que su cine está destinado a demostrar.

martes, 8 de marzo de 2011

Espíritu independiente en el cine


De Marvin.com


Filmar con una sola cámara, utilizar muchos escenarios exteriores (para ahorrar luz), utilizar sonido directo, actores y actrices creíbles, músicos de rock (Charly García y Andrés Calamaro, Adrían Dárgelos, entre otros.), obligatoriamente cuatro o cinco vecinos y al momento de grabar la música, de preferencia que pase un camión o ladre un perro. Son los ingredientes que necesita el director de cine independiente argentino, Raúl Perrone para realizar una película.

Para este director mejor conocido como “el perro” es primordial realizar filmes con el mismo espíritu que los músicos que graban un disco en un garage, es decir de una manera independiente y con pocos recursos. Lo que para él importa es la genialidad, creatividad y la esencia de la vida cotidiana.
“La palabra “independiente” está absolutamente vapuleada y no sé si siquiera genera respeto. En definitiva, creo que uno tiene que hacer lo que tiene ganas y la independencia es eso, hacer lo que uno tiene ganas, lo que uno quiere y puede sin limitaciones. El resto es marketing.” Raúl Perrone.
La Cineteca Nacional, ofrece la oportunidad de exhibir por primera vez en nuestro país la obra fílmica de un verdadero cineasta independiente, a través de una selección hecha por el mismo Perrone. Dicha retrospectiva se estará presentando hasta el 10 de marzo.
Así que si están interesados en conocer la propuesta fílmica de Raúl Perrone, los invitamos a asistir a este ciclo participando en nuestra sección de Trivias, donde tenemos pases dobles para cualquier función de esta retrospectiva.

El Cine de Raúl Perrone llega a la pantalla de la Cineteca

De Indie-Rocks.com

Poco es lo que se conoce en México del cine del argentino Raúl Perrone, por lo que Conaculta Cine, a través de la Cineteca Nacional, se han dado a la tarea de organizar la Retrospectiva Perrone, una muestra que reúne doce filmes seleccionados por Perrone que se exhibirán por primera vez en nuestro país del 25 de febrero al 10 de marzo en la Sala 5, Matilde Landeta, de la Cineteca.

Raúl Perrone es un cineasta poco convencional, originario de Ituzaingó, provincia ubicada a pocos kilómetros de Buenos Aires, no es aficionado a los viajes, por el contrario, prefiere quedarse allí filmando o dando algún taller que acudir a los festivales. Una de las mayores ventanas de difusión del cine de Perrone es, sin duda, el Bafici (el Festival de Cine Independiente de Buenos Aires), sin embargo, resulta prácticamente imprescindible no perderse ninguno de sus filmes ya que no es fácil volver a tener la oportunidad de verlos. Una vez que pasaron en el Bafici se exhiben en salas alternativas, incluso algunos permanecen inéditos…Perrone es un cineasta singular, no filma en 35 mm, prefiere el video, no estrena de forma convencional ni pide apoyos del Instituto de Cine.

Con sus más de treinta películas, Perrone es un referente ineludible del cine contemporáneo argentino. Nacido en 1952, filmó su primer filme en Súper 8 allá a principios de los años setenta, sin embargo, durante mucho tiempo se dedicó a su otra pasión: el dibujo. Como dibujante y caricaturista trabajó en El cronista comercial, Tiempo argentino, El gráfico,Siete días, entre otras publicaciones. El cine de Perrone es contemplativo, sus protagonistas son los planos largos y estáticos al servicio de anécdotas mínimas y cotidianas. Una muestra de ello son los doce filmes que integran esta retrospectiva:

Graciadió (1997)

Late un corazón (2002)

La mecha (2003)

Ocho años después (2005)

Tarde de verano (2006)

Nosotrosdos (2006)

Canadá (2006)

La navidad de Ofelia y Galván (2007)

Bonus Track (2008)

180 grados (2008)

Luján (2009)

Los actos cotidianos (2010)

El Cine de Raúl Perrone llega a la Cineteca


De The city loves you

Una vez más la Cineteca Nacional realizará una importante Retrospectiva, conformada por 12 películas seleccionadas por el propio cineasta argentino que nunca han sido exhibidas en México

Poco es lo que se conoce en México del cine del argentino Raúl Perrone, por lo que Conaculta Cine, a través de la Cineteca Nacional, se han dado a la tarea de organizar la Retrospectiva Perrone, una muestra que reúne doce filmes seleccionados por Perrone que se exhibirán por primera vez en nuestro país del 25 de febrero al 10 de marzo en la Sala 5, Matilde Landeta, de la Cineteca.

Raúl Perrone es un cineasta poco convencional, originario de Ituzaingó, provincia ubicada a pocos kilómetros de Buenos Aires, no es aficionado a los viajes, por el contrario, prefiere quedarse allí filmando o dando algún taller que acudir a los festivales. Una de las mayores ventanas de difusión del cine de Perrone es, sin duda, el Bafici (el Festival de Cine Independiente de Buenos Aires), sin embargo, resulta prácticamente imprescindible no perderse ninguno de sus filmes ya que no es fácil volver a tener la oportunidad de verlos. Una vez que pasaron en el Bafici se exhiben en salas alternativas, incluso algunos permanecen inéditos…Perrone es un cineasta singular, no filma en 35 mm, prefiere el video, no estrena de forma convencional ni pide apoyos del Instituto de Cine.

Con sus más de treinta películas, Perrone es un referente ineludible del cine contemporáneo argentino. Nacido en 1952, filmó su primer filme en Súper 8 allá a principios de los años setenta, sin embargo, durante mucho tiempo se dedicó a su otra pasión: el dibujo. Como dibujante y caricaturista trabajó en El cronista comercial, Tiempo argentino, El gráfico, Siete días, entre otras publicaciones.

En los noventa regresó al cine, a un cine muy personal e independiente caracterizado por el empleo de actores no profesionales (familiares, amigos, vecinos) que protagonizan situaciones cotidianas, de la vida diaria; un retrato ficcional del microcosmos suburbano (Ituzaingó), que, sin pretenderlo, lo trasciende para volverse universal.

El cine de Perrone es contemplativo, sus protagonistas son los planos largos y estáticos al servicio de anécdotas mínimas y cotidianas. Una muestra de ello son los doce filmes que integran esta retrospectiva: Graciadió (1997), Late un corazón (2002), La mecha (2003), Ocho años después (2005), Tarde de verano (2006), Nosotrosdos (2006), Canadá (2006), La navidad de Ofelia y Galván (2007), Bonus Track (2008), 180 grados (2008), Luján (2009) y Los actos cotidianos (2010). Una oportunidad única para entrar en contacto con una cinematografía particular con personajes cercanos e historias universales.

lunes, 7 de marzo de 2011

Real Life



Lee esto y vete al cine.
Raúl Perrone es un cineasta argentino que hace cine, por decirlo así, a su manera. Ha realizado más de treinta películas, caracterizadas por el uso de formatos como el video o 16 mm., y la participación de actores no profesionales que se enfrentan a situaciones cotidianas en el mundo suburbano de Ituzaingó, la provincia cercana a Buenos Aires donde Perrone vive y trabaja.
Alejada del mundo institucional de los festivales y los apoyos al cine, la obra de Perrone no goza de grandes tiempos en cartelera, por lo que cualquier oportunidad de verla debe ser tomada en serio. Precisamente, la Cineteca Nacional ha organizado la Retrospectiva Perrone dentro de la cual se proyectarán, entre el 25 de febrero y el 10 de marzo, 12 cintas del director, como Graciadió, La mecha, Tarde de verano y Canadá.
Tenemos 5 pases dobles para cualquier función de esta retrospectiva. Envía un correo a emilio@nylonmag.com.mx con el subject "Perrone" y vete a conocer la obra de este gran cineasta.

domingo, 6 de marzo de 2011

“No pierdo tiempo buscando recursos para mis películas”

Milenio Online

Por Carlos Jordán


Renuente a entrar en los circuitos comerciales, el director argentino es homenajeado en la Cineteca Nacional con una retrospectiva.

“No hay manera de que tome un avión”, dice Raúl Perrone, uno de los decanos del cine independiente en Latinoamérica, una rara avis del séptimo arte: no trabaja con actores profesionales aunque sí con músicos de la estirpe de Andrés Calamaro, y tampoco concursa por estímulos estatales, “filmo con lo que tengo”, dice el realizador en la siguiente charla, a propósito de la retrospectiva que la Cineteca Nacional proyectará hasta el 10 de marzo.

¿Cómo fue su acercamiento al cine?

A los dieciséis años empecé a rodar en Super 8. Durante los setenta era un delirio porque se mandaban a revelar los rollos afuera y tardaban cinco meses en regresar, era una locura si lo comparamos con las herramientas tecnológicas que tienes hoy, incluso puedes filmar con tu celular. En esos años mucha gente estaba interesada en el cine de Bergman y Fellini, en cambio yo me concentraba en las historias de los chicos del barrio. Después lo dejé porque me concentré en el dibujo: hice caricaturas políticas para diarios y revistas. En los ochenta, cuando empezó el video, regresé al cine y el contador de historias se comió al dibujante. Siempre tuve en claro la independencia por qué mis películas costaban poco dinero, casi nadie las veía y además me gustaba el cine indie americano.

Ahora es más fácil ser independiente, ¿qué piensa de esto?

No me sorprende. Cuando proyecté mi primera película en una sala de la calle Corrientes tuve que pagar para que la exhibieran, al final llegaron setecientas personas. Después hice Graciadió, la proyectábamos viernes y sábados, y en dos semanas la vieron más de cinco mil personas. Si funcionaron mis trabajos fue porque la gente se apropió de ese cine y lo hizo suyo, es decir, la gente siempre busca encontrar sus circuitos. Hoy hay espacio para todo pero cada género tiene sus propios límites. Actualmente mis películas se pasan dos veces por semana porque no resisten más.

¿Es cierto que usted cambia la película conforme se desarrolla el rodaje?

Sí, parto de ideas o imágenes. Hace poco me preguntaron “¿Qué es para usted el cine?” Respondí que no sabía pero que no podía dejar de filmar. Soy un enamorado de las imágenes y me gusta contar cosas a través de ellas. Me gusta encontrar las películas, soy mi propio espectador, por eso tengo claro cómo empieza la película pero no el final. Soy dibujante y nunca he hecho un storyboard. ¿Para qué hacer una película que ya se cómo terminará? Sería muy aburrido.

¿Por eso su fama de director difícil?

Ya soy menos difícil. No sé trabajar de otra manera, mis pequeños guiones son garabatos y algunas palabras. Cuando hablo con el actor se me ocurren cosas. Mis rodajes son intensos, no repito tomas porque creo en la virginidad de la primera a no ser que se equivoquen o haya un desperfecto. Es algo que aprendí por la austeridad.

En el cine independiente latinoamericano hay una tendencia al cine contemplativo y a no trabajar con actores profesionales. ¿Se siente precursor?

No sé, en el fondo creo que sí pero sería pedante que lo dijera. El hecho de que ahora se aplique todo lo que hice y en su momento me rechazaron, me parece bien, tampoco me detengo a pensar demasiado en el pasado. Sería una estupidez hacerlo. Sigo haciendo películas y pensando en lo que quiero filmar, eso es lo único importante.

¿Le ha sido difícil vivir del cine?

La mitad de la carrera me la financié mientras trabajaba en un diario. Mi astucia fue la austeridad, trabajé con poca gente, en mi barrio, después mis amigos me abrieron algunas puertas. Hoy vivo de la venta de mis películas, conferencias, de las retrospectivas, etcétera. Ha sido difícil porque no acudo a fundaciones, ni a estímulos estatales, no voy a concursos. No me interesa nada de eso.

¿Por qué esa actitud? En México por ejemplo, sin el dinero del Estado no se podrían filmar muchas películas…

No me nace. Pienso en una película y no pierdo tiempo buscando los recursos. No me planteo historias de 1920, sino aquellas que puedo hacer con mi dinero. No soy un director convencional en cuanto a que no viajo ni voy a festivales. En realidad no tengo mucho que ver con el ambiente del cine, me siento afuera de todo eso.

Su narrativa se apoya mucho en el plano secuencia, ¿por qué?

Nunca me gustó el montaje, me distrae y creo que se usa para salvar a los actores de sus malas interpretaciones. En cambio, en un plano secuencia nadie te puede salvar. Siempre me ha interesado estar con la cámara el mayor tiempo posible y luego observar qué hace la gente que está ahí pero no forma parte de la escena. Con el tiempo eso, además de la improvisación, se convirtió en la base de mis películas. Hoy no puedo explicar cómo hago ciertas cosas, todavía hay quien piensa que mis películas son documentales porque trabajo con actores no profesionales, pero no, lo que sucede es que mi intención es que todo resulte absolutamente creíble.

Es curiosa su opinión sobre el montaje, para muchos directores es fundamental…

Las películas tienen tres pasos: pensarla, dirigirla y editarla. En mi caso, durante el rodaje no lo paso bien, si pudiera trabajar con muñecos o dibujos me sentiría más cómodo para no tener que discutir. El montaje lo disfruto porque ahí es donde creas la película y puedes manipularla. Pero no me refería a ese montaje, sino a cuando diseñas los planos y contraplanos eso me aburre enormemente.

Graciadió (1997) De Raúl Perrone

Entre el cielo y la tierra


La juventud es un escenario en nebulosa que los recuerdos, las más de las veces, intentan asimilar como la mejor experiencia. En Graciadió (1997), vivir joven es una aventura, un peligro, una resolución, y un cuchillo que corta venas.

Gus (Gustavo Prone) y Pao (Violeta Naón) son de Ituzaingó, en las afueras de la ciudad de Buenos Aires –allí donde Perrone vive y filma siempre—, sus vidas están marcadas por el desempleo, la joda, los sentimientos revueltos y, porque tenía que ser así, la soledad. ¿Ante quién comunicar, cómo canalizar ese pulso de desesperación ante la monotonía y regularidad de la vida común y corriente del suburbio?

No se trata de una mirada enjuiciadora, pero tampoco de un ejercicio antropológico que busca el calco y la copia de la realidad. Raúl Perrone usa el video para rehacer un panorama, ajustar una perspectiva en donde los límites del realismo y el costumbrismo se deshacen para darle espacio a la farsa y a la comedia, a los colores fuertes y a la liviandad del sketch. A veces en exceso. Graciadió parece por ratos una forma de descontrol, pero nunca es –creo— la deshonestidad de la condescendencia y el miserabilismo.

El respeto hacia estos chicos, observados horizontalmente por Perrone, descubre en ellos una infancia en lo más profundo a la que parecen encadenados indefectiblemente, mientras la figura del orden y la ley representada por El Cana (Carlos Briolotti) es rechazada o burlada sin piedad. En el otro extremo, sin embargo, los llama la adultez, la responsabilidad y el compromiso. En esa cuerda donde se balancean peligrosamente, intentando pasarla lo mejor posible, aparecen algunos momentos de distensión y otros de tragedia, pero sin abandonar una atmósfera generalizada de melancolía, donde el cielo, con esas hermosas nubes, parece ser el único motivo de apacibilidad.

Alonso Izaguirre


Raúl Perrone agradece al público y la prensa...

Fotos de prensa

Fotos de prensa

Sergio Wolf y Raúl Perrone en el Centro Cultural Rojas - Marzo de 2008.

Sergio Wolf  y Raúl Perrone en el Centro Cultural Rojas - Marzo de 2008.

Expo de Fotos en el Centro Cultural Rojas - Marzo de 2008

Expo de Fotos en el Centro Cultural Rojas - Marzo de 2008

Colaboradores





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Raúl Perrone







La trilogia (Disponible en DVD)

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Labios de churrasco - Graciadió - 5 pal' peso