El cine independiente / Raúl Perrone
¿Qué puedo decir sobre el cine independiente que no se haya dicho? Recuerdo que me gustaba leer en diarios y revistas la palabra “indie”. Sentía que quería hacer películas con el mismo espíritu que los músicos que hacían rock en un garage...
Hoy, unos catorce años después, me causa un poco de gracia leer que hablen de algunas películas diciendo que son “ independientes”, cualquiera dice que hace cine independiente y no tiene el mismo valor que antes, Son rótulos que se ponen, como “cine de culto”, el Dogma o la estupidez del momento. Son pretextos para poder escribir y hacer notas, pero el chiste se agota y al final no quiere decir nada. La palabra “independiente” está absolutamente vapuleada y no sé si siquiera genera respeto. En definitiva, creo que uno tiene que hacer lo que tiene ganas y la independencia es eso, hacer lo que uno tiene ganas, lo que uno quiere y puede sin limitaciones. El resto es marketing.
Muchos dicen que hacen cine independiente y lo hacen con un montón de plata, ¿entonces cuál es el límite? Porque la independencia a esta altura del partido no tiene nada que ver la plata., La independencia esta en la cabeza,esta en uno.
Hacer cine independiente ha cambiado mucho. Está muy bien que la tecnología vaya derribando mitos, aunque algunos se dieron cuenta un poco tarde. Pero bienvenidos todos al paraiso digital, (ja) al del video
... además, en definitiva, ¡la gente no sabe lo que es el cine independiente! Uno no le pregunta al vecino si vio algo de cine independiente. La gente no habla en esos términos, como los cinéfilos,criticos o intelectuales. La gente habla de películas buenas, o malas, y punto.
viernes, 22 de octubre de 2010
lunes, 30 de agosto de 2010
LUMIÉRE
Los actos cotidianos (Raúl Perrone, 2010)
por Alfonso Camacho
De otra parte Raúl Perrone, que no sabe qué es un escudo o un yermo, que no busca siquiera un cobijo donde resguardarse. Los actos cotidianos transcurre dentro de una casa, y sin embargo nos sentimos expuestos a la intemperie: esto no deja de ser significativo en cuanto que el dibujo de Perrone es una desaparición: relaciones incorpóreas, contigüidades separadas, paredes y techos intangibles. Imagen desaturada, cruda, desabrida, disyuntiva, que persigue el enigma y desprecia el alarde. Lo que cuenta es lo que no tiene, y entonces surgirán tormentas de radiaciones de teléfonos móviles y antenas televisivas, fuerzas espectrales que deambularán vacilantes, temerosas, inseguras, despojadas de su patriarca (el mismo Perrone careció de mentor alguno que le instruyera en el descubrimiento de nuevos pigmentos o lo convenciera de abandonar el taller para salir al exterior; no obstante se instruyó solo: fue único patrón de sus barcos, se convirtió en enemigo del maquillaje, en defensor acérrimo de las puertas abiertas en el set). Perrone avanza paso a paso, deshace a veces lo andado y retoma el camino, no aplana porque ama los relieves, las oquedades, el tropiezo, la tachadura. Se me podría reprochar, por aquello de combatir la añagaza de la palabra, que no es la primera vez que Perrone filma la marginalidad —incluso ya lo hizo en la misma casa, incluso los protagonistas de Los actos cotidianos ya participaron en otras de sus películas—; hasta podría aceptar que se advierte la experiencia de un cineasta que hizo del riesgo un hábito, la solvencia del viejo artesano especializado en un distinto que, a base de labranza, ya no le es tan ajeno. Y bien: ¿no residiría aquí su virtuosismo, en darnos a ver al otro las veces que haga falta —y todas serían pocas—, en relacionarnos con él cada vez más intensa, profunda, profusa, cinematográficamente? Pero la otredad de Perrone que me interesa (que me conmueve, que me apasiona) no se define por hacer de su objeto «lo marginal», sino en que cada retrato es nuevo: nuevo afrontamiento, nuevos personajes, nuevas tonalidades, nueva imagen.
Hay en Los actos cotidianos una experiencia de la visión que surge del compromiso (entrega absoluta, revelación del riesgo, «caza» de Perrone) y deviene en atracción (sin apelar a la imagen bella), obrada por alguien que podría hacer suyas las palabras de Lévi-Strauss, un cineasta que nunca filmó, pero que recetó valiosos remedios para nuestro ojo enfermo: «Todo lo que percibo me hiere, y me reprocho sin cesar por no haber sabido mirar lo suficiente».
Página|12
CINE › RAUL PERRONE HABLA DEL FESTIVAL DE CINE HECHO CON CAMARA DE FOTOS
“Se están rompiendo muchos prejuicios”
El director de Graciadió es el fundador del encuentro, que se realiza en el Centro Cultural Ricardo Rojas hasta el domingo.
Como el ferrocarril Sarmiento, Raúl Perrone viaja de Ituzaingó a Once. El prolífico director, uno de los máximos exponentes del cine independiente nacional, cultor del rodaje como experiencia casera y artesanal, es el presidente y fundador del Primer Festival de Cine Hecho con Cámara de Fotos, que se desarrolla desde el miércoles y hasta el domingo con entrada gratuita en la sala Batato Barea del Centro Cultural Rojas (CCR). “La idea surgió en 2007, cuando hice La Navidad de Ofelia y Galván con una cámara de fotos”, rememora el realizador. Aquel film se rodó en sólo un par de días y lo protagonizaron sus octogenarios suegros. “Lo hice fundamentalmente por las ganas de usar un aparato muy pequeño que podía poner donde quisiera e igual pasaba inadvertido. Me di cuenta de que podía funcionar cuando noté que el video no se pixelaba en pantalla. Fue una experiencia muy alucinante”, asegura.
Los dos meses de exhibición del film en el CCR y el seminario “Hacer cine con una cámara de fotos”, que dictó en paralelo a las proyecciones, le permitieron vislumbrar un resquicio aún inexplorado. “Le propuse a Sergio Wolf (por entonces programador de la institución) hacer un festival. A él le interesó, pero justo se fue al Bafici. Cuando llegó Raúl Manrupe retomó la idea y lo pusimos en práctica”, recapitula. Ese proyecto germinó en un flamante festival que comenzó el miércoles pasado y para el que se presentaron más de 120 trabajos, de los que se seleccionó una tercera parte (ver recuadro). “Trabajamos como en cualquier festival, eligiendo lo que más nos gustaba e interesaba”, indica el director de Graciadió y presidente del jurado integrado por Christian Aguirre, Gustavo Laskier, David Seiras y el propio Manrupe. “Estas cámaras posibilitan que la gente pueda salir y hacer. En el hacer está la cosa; está el equivocarse y el aprender. Hoy en día los jóvenes tienen la posibilidad que antes no teníamos, que es la de hacer algo y mostrarlo”, reflexiona Perrone, quien divide su tiempo entre la dirección y la docencia, siempre en su querido Ituzaingó. Allí, en la localidad donde produjo casi la totalidad de su filmografía, el realizador de Bonus Track da clases gratuitas de dirección, guión y actuación a más de 120 personas. “Muchas de ellas hoy están presentado sus primeros proyectos”, se enorgullece.
–Hace más de diez años decía que no eran “importantes los formatos, sino contar una historia”. ¿Sigue sosteniéndolo?
–Absolutamente. No sé si el tiempo me dio la razón, pero puso las cosas en su lugar. Cuando uno siente ganas de filmar, no importa el soporte: hay que ir y hacerlo. La tecnología ha avanzado tanto que ahora permite estas cosas. La cámara de La Navidad de Ofelia y Galván es obsoleta porque ya hay algunas que filman en HD. Decir que es de fotos es nada más un dato; es una cámara digital. Así que no sólo sostengo lo que decía, sino que sigo apostando a más.
–¿Qué es ese “más”?
–No sé exactamente, pero si mañana sale otra cosa que grabe, voy a usarla.
–Gran parte de los films del festival son experimentales. ¿Hasta dónde se extiende el límite artístico al momento de experimentar?
–No tiene límite. Me parece que es interesante que traten de tomar una cámara para contar una historia. No es necesario que sea una determinada cámara, sino que sea lo que uno sienta y le guste hacer. Está bueno usarlo en el mejor de los sentidos, se pueden hacer cosas maravillosas. Lo experimental tiene que ver con los gustos personales.
–¿Cree que la principal ventaja de las cámaras de fotos es la democratización de la posibilidad de filmar?
–Con el video también pasaba. Cualquiera que disponía de una cámara puede ir y hacer algo. El Bafici y las nuevas tecnologías están desmitificando para bien muchas cosas. Se están rompiendo prejuicios. Hoy no te limita tener una película en Beta para pasarla en un festival o tenerla editada sólo en DVD. De hecho, muchos pasan sólo DVD. En el último Bafici exhibieron muchas en HD.
–Eso también requiere una adaptación del público.
–Creo que al público le importa poco. No sé si los espectadores se dan cuenta de cómo está filmada. La gente ve una película y no le interesa cómo está hecha; eso queda para los que hacemos cine o escriben. Creo que al público común le importa que la película le llegue.
–Más allá de esa democratización, ¿en qué favorece filmar una película con una cámara de esas características?
–Me parece que el poder hacerlo ya es de por sí favorable. Si tenés ganas, es fácil. En mi época era mucho más difícil, hacer una película era algo muy lejano. Hoy podés crear y filmar una historia en tu casa, con tu cámara y editada en tu computadora. Eso es lo interesante, que se haya podido llegar a eso. Hay cada vez más festivales donde encontrás pantalla. Mucha gente hizo su película a raíz de una fiesta o porque encontró motivaciones, y hoy puede verla en una sala en el marco de un festival. A mis 20 años yo usaba Súper 8 y era muy difícil presentarlo. Hoy no sólo tenés muchas facilidades sino también posibilidades de que se vea.
–¿Cree que esta tendencia es pasajera o se asentará a lo largo del tiempo?
–No sé qué pasará. Nosotros pudimos hacerlo y ojalá que no sea la última vez. La convocatoria fue muy buena, han llegado cosas de toda la Argentina y de varios países. Si a la gente le dan ganas de hacer cosas, la motiva a filmar, bienvenido sea.
lunes, 16 de agosto de 2010
viernes, 30 de julio de 2010
lunes, 31 de mayo de 2010
LEEDOR.COM
Los actos cotidianos
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un registro documental tan vivo que se olvida que es una ficción
La cámara lúcida
El último BAFICI. Se acaba de proyectar en competencia, Los actos cotidianos de Raúl Perrone. En la platea, sus seguidores, sus alumnos, público, críticos y gente del Festival. El micrófono va de mano en mano sin que se escuche nada original mientras Perrone contesta con paciencia. Hasta que alguien pregunta algo que sorprende al director. El espectador quiere saber cómo se sintieron los protagonistas de la película al verse retratados en su situación cotidiana, algo así, como de qué manera se sintieron ellos al tener una cámara registrando su vida, esos actos a los que alude el título certeramente puesto. Y en ese momento, la película toma su verdadera medida ante los presentes. Porque estos actos, de desarrollo moroso, de esforzada y audaz búsqueda estética en sus claroscuros, de colores reales en encuadres elegidos, de diálogos como la vida misma, son parte de una película ficcional y no un documental. Una ficción basada en la realidad como suelen ser los largos de su director. Pero que como ninguna otra borra los límites entre ficción y realidad. Los actores, familiares, conocidos, vecinos de Perrone, son actores en esta película. Interpretan una situación ficcional. Los hermanos en la realidad, dice el Perro, no tienen en la vida real la relación cercana que tienen en la pantalla. Nadie se fue y no volvió. Y sin embargo, “haciendo de sí mismos pero no actuando como ellos mismos” dejan una sensación de realidad imposible de diferenciar de la ficción sin la aclaración previa del director.
Este es el mayor asombro de estos actos llevados a la pantalla. La fotografía suburbana de Ituzaingo sigue sumando capítulos tanto para un relato antropológico a partir de una familia (y lo que va quedando de ella) como para una obra de autor única, en su camino de experimentación y expresividad. En este retrato es bueno destacar que como en La Navidad de Ofelia y Galván, ha sido registrado con la función video de cámara fotográfica digital. Un nuevo desafío donde se saca provecho de las luces y las sombras de los ambientes en estado de destrucción que pueblan toda la historia, avanzando hacia una intención de poética visual ya intuida en Bonus Track y Canadá.
En el cine argentino actual hay una corriente documental que busca narrar momentos en la vida de seres marginales, empobrecidos o rurales, en un día, un mes, un año de sus existencia. Muchas veces, esas películas se limitan a mostrar con asombro y candor a esas personas desde afuera.
La gran diferencia con Los actos cotidianos es que Perrone lo hace desde adentro, con conocimiento de causa y efecto. Puede gustar o no, pero en cada fotograma (videograma, para decirlo más correctamente) hay un registro documental vivo. Tanto, que llega a hacernos olvidar que todo se trata de una ficción
Raúl Perrone presidirá el jurado del 1er Festival de Cine hecho con cámara de Fotos (SCDF), a desarrollarse en Agosto en el Centro Cultural Rojas de Buenos Aires. Bases y condiciones: http://www.rojas.uba.ar/convocatorias/cine.htm
Raúl Perrone agradece al público y la prensa...
Repercusión de la prensa
http://www.otroscines.com/columnistas_detalle.php?idnota=1171&idsubseccion=11
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/5-9403-2008-03-04.html
http://www.laprensa.com.ar/secciones/nota.asp?ed=2707&tp=11&no=87492
http://elcinescopio.blogspot.com/2008/03/ral-perrone.html
http://morirenvenecia.blogspot.com/2008/03/la-navidad-de-ofelia-y-galvn-de-ral.html
http://www.soitu.es/soitu/2008/03/28/infovideos/1206737710_931749.html
http://www.criticadigital.com/impresa/index.php?secc=nota&nid=1564
http://www.cinecropolis.com/estrenos/la_navidad_de_ofelia_y_galvan.htm
Fotos de prensa
Sergio Wolf y Raúl Perrone en el Centro Cultural Rojas - Marzo de 2008.
Expo de Fotos en el Centro Cultural Rojas - Marzo de 2008
En este blog podes encontrar información de mis últimos proyectos, fotografías, videos y trailers, además de gacetillas sobre eventos, charlas, talleres o seminarios.
Raúl Perrone
La trilogia (Disponible en DVD)
Labios de churrasco - Graciadió - 5 pal' peso


