RAUL PERRONE: LATE UN CORAZÓN
Por Alonso Izaguirre
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Cuando los chicos daneses de Dogma 95 presumían con su voto de castidad en Europa, el argentino Raúl Perrone (http://www.raulperrone.com/) ya andaba por los diez trabajos filmados en video en su natal y pequeña –pero cálida– Ituzaingó, localidad a las afueras de Buenos Aires de donde nunca sale por propia decisión. Ahora, a los 55 años y con una treintena de producciones (http://www.imdb.com/name/nm1031949/) labradas con un estilo personal que entreteje la picardía de la calle con un halo de melancolía, el cineasta que nunca deja de estar en contacto con los jóvenes, el visceral honesto sin poses de marginal –lo demuestran Labios de churrasco (1994), Graciadió (1997), 5 pal’ peso (1998) y Ocho años después (2005)–, sigue haciendo obra con el tríptico formado por Lujan, Los actos cotidianos y Al final, la vida sigue igual. Perrone continúa, no abandona, no renuncia, no agacha la cabeza.“¿Entonces el cine es la belleza de las imágenes?”, le preguntaron una vez, y él contestó: “Te armo la ecuación: la belleza de las imágenes, contar historias que nadie cuenta, poner personajes que sean absolutamente reales y creíbles, bucear en el alma de la gente como hacía cuando dibujaba. Bucear significa encontrar un estado de ánimo. Cuando dibujaba, hacía caricaturas y en los ojos vos sabías si ese tipo la estaba pasando bien o la estaba pasando mal. No sé cómo carajo lo hacía. Pero empezaba a dibujar por los ojos. Y la verdad es quetodo eso, para mí, tiene que ver con el cine”. Viajamos en tren hasta Ituzaingó, en las afueras de Buenos Aires, para conversar con él. ¿Algún día Perrone se animará a venir al Perú?
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